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viernes, 2 de agosto de 2019

Día 8 - Siem Reap/Ayutthaya

Otro día que nos despiertan para bajará desayunar pero está vez a las 8.30 de la mañana. ¡Cada día llaman antes!

Bajamos porque lo de empezar el día con fuerzas cuando tienes fruta cortada y te hace una tortilla al momento se lleva bien. De ahí, unas a descansar y otras a la piscina leer. Y como si fuera un remember, vuelve a empezar a llover y huimos a la habitación.

A las 12, nos llaman para dejar la habitación y bajamos a liquidar las cuentas. Nos intentan colar una colada que no es nuestra. Ni lleva número de habitación ni nada. Y encima suelta que es de otra compañera. Mucho morro tiene la señora. Además habíamos quedado con nuestro tuk-tuk a la 1 h nos comenta que no puede venir.Nos suena raro al ver a otro llegar y esperamos hasta la 1 pero al final, vamos con el otro al aeropuerto (5$).

En el aeropuerto, tras facturar, comemos algo y en poco menos de una hora, llegamos a Bangkok. Curiosidad del viaje: los del asiento D y E, euskaldunes. Allá donde vayas, siempre hay algunos.

Desde el aeropuerto de Don Mueang cogemos un tren por 11thb a Ayutthaya (salida 6, segundo piso). Eso sí, en tercera clase lo que implica que es como el metro: si tienes suerte, coges sitios. Casi llegando G. se empieza a marear y entre una chica que la abanica y otra mujer que le deja un aroma para ayudar con las náuseas, la verdad es que conseguimos llegar. Un poco de regateo para coger el tuk-tuk por 100thb y directos al hostel. Suerte la nuestra: la habitación en la cuarta planta.

Las duchas pertinentes siempre ayudan. Preparamos las mochilas para el día siguiente antes de bajar a investigar. Pero todo parece excesivamente tranquilo y decidimos, tras pasar por el super a mirar qué hay para restaurar, ir al bar que hay junto al hostel a cenar. Cenamos bien, algo caro, pero con música en directo. Por lo que vemos, lo barato es beber. Antes de volver, pasamos por el supermercado a por un polo de mango; tradición asiática. Este, recomendable. Poco más nos queda para descansar para la visita de mañana.





Día 7 - Siem Reap

El tercer día en Siem Reap es para el relax.  Descansamos de lujo pero a las 9 suena nuestro maravilloso teléfono otra vez para bajar a desayunar. Es curioso que lo hagan, la verdad.

Tras desayunar, M y MJ se quedan en la habitación descansando, ya que MJ se ha despertado con un tirón en el cuello, mientras G y yo bajamos a la piscina. Un baño rápido, un poco de leer y antes de la hora tenemos que salir pitando a la habitación porque se pone a llover y visto cómo ha caído esta noche, cualquiera se arriesga.

Al mediodía, G y yo vamos de avanzadilla para ir pidiendo la primera cerveza. Según llegamos, se da el segundo corte de luz del día. Menos mal que para la cerveza no hace falta electricidad, 🤣🤣🤣. Al rato, pedimos la segunda pero cuando empieza a jarrear, cruzamos la carretera para comer en un tailandés y no en un indio. Probamos un plato típico camboyano: lok-lak, una especie de carne de ternera estofada. Muy rica.

Para descansar, nos vamos a buscar un lugar de masaje que nos convenza. Nos quedamos con uno grande en el que siempre hemos visto gente. (1h, 5$) Primer escollo: ir con mono que no se puede subir sobre la rodilla; ahí que me visten con pijama. Una pena que lo hacen sentados y no es la misma sensación. Lo cierto es que da un poco de cosa ver que las masajistas sean jóvenes, además, hay ciertos gestos que dan mala espina. Tras comprar unas camisetas de recuerdo, volvemos al hotel para descansar un rato antes de salir a cenar.

Ya por la noche, volvemos Pub street para cenar y finalmente acabando comprando algún otro regalo más. Sólo nos queda montar las mochilas para el viaje.




Día 6 - Siem Reap

A las 4.30 suena el despertador. Nos recogen en media hora para poner rumbo a Angkor Wat para ver el amanecer. Nuestro tuk-tuk nos espera en la puerta. Nos recuerda que cojamos las entradas y los pareos. Un detalle, la verdad.

Sobre las 5 y pico llegamos a Angkor Wat. Una hilera de gente nos indica dónde sentarnos. La pena es que amanecer nublado pero igualmente lo disfrutamos mientras desayunamos.

A eso de las 6.30 entramos a Angkor Wat. ¡Enorme! Impresiona pensar la de años que lleva en pie semejante templo. Tras una hora disfrutando del mismo, a la llegada al tuk-tuk, tenemos el primer rifi-rafe con el del tuk-tuk: que si el recorrido largo, que si el corto, que si el amanecer, que si el templo Banteay Srei,...al.final, cerramos de nuevo el precio a pesar de que creemos que el problemas o la triquiñuela es cosa del hotel; 30$ todo y arrancamos de nuevo.

Visitamos Bayón, Banteay Srei y unos cuantos más. En el camino noa da para ver hombres depilándose la barba, un control policial para tuk-tukeros. Es cierto que al final, te empachado de ver los templos: son muchos y el calor aprieta mucho. Pero merece la pena la visita, aunque se acabe reventado al final de las 10h de visitas.

Al volver, directamente comemos en el restaurante frente al hotel. La primera cerveza sabe a gloria después del valorado. Antes de pedir, ya ha caído, 😆😆😆. Comemos de cine y volvemos a la piscina del hotel para reposar. Nos sorprende para bien: pensábamos que era más charco pero ¡para nada! Nos quedamos un rato más a gusto que un arbusto.

Al anochecer, subimos a la habitación para la ronda de duchas y al acabar, cervecitas en pijama como unas señoras. Caemos en seguida. Pero poco antes de media noche nos despertamos por la que está cayendo. Ha llegado la época del Monzón.

Recorrido: 16km







martes, 30 de julio de 2019

Día 5 - Siem Reap

Ring, ring. Un teléfono sonando. Pensaba que era el de MJ pero no, es ¡el de la habitación! ¿Pero desde cuándo hay teléfono en la habitación? 'Good morning. Come to eat breakfast.' Las 9 de la mañana y ya nos están llamando al orden. Bajamos y llenamos bien el estómago para el día.

Al acabar nos echamos a las calles. Principalmente, necesitamos cambiar dinero. El sol pica que da gusto así que vamos rascando sombra. Miramos en unas cuantas casas de cambio y nos quedamos con la penúltima (1€=1,09$).

Con los deberes hechos, nos sentamos a tomarnos una caña clásica de Camboya por 0.5$. De verdad, así sí de puede vivir.

Tras un paseo por el mercado, nos vamos a comer unos noodles y una ensalada. Están muy ricos y estamos comiendo a dos carrillos hasta que G. encuentra sorpresa en el plato. Autóctonas total. Al acabar, nos volvemos al hotel para descansar un poco antes de que a las 16.20 nos recojan en el tuk-tuk. Y menos mal que nos avisa que para ver el atardecer tampoco se puede ir mostrando rodilla ni hombro.

Primera parada de tuk-tuk; comprar las entradas para los templos de mañana. De ahí nos lleva a la colina para ver el atardecer. Una pena que después del paseo estuviera nublado.

A la vuelta, paramos en pub street y vamos hacia casa. Nos quedamos comiendo pollo a la brasa en el router 66: por cada 3 pedidos, 1 caña gratis. Recomendable pero id con calma ya que al final, al hacerlo a la brasa, tardan un poco. Y directas al hotel para ducharnos y a dormir que mañana, hemos quedado a las 5.

Recorrido:  8.6 km